Situaciones en las que no se debe conducir
¿Sabe usted que si el oftalmólogo le aplica un colirio para dilatar la pupila puede tener problemas al volante? Hay muchos casos en los que conducir está contraindicado y que por ser actuaciones leves, no suelen tenerse en cuenta.
Existen momentos en los que resulta conveniente buscar otro medio de transporte o, al menos, valorar si está uno en condiciones de ponerse al volante. Muchas veces los médicos por rutina y el intento de restar importancia y tranquilizar al paciente omiten estas advertencias, así que para la consulta lo mejor es acudir acompañado.
1. Estrés postraumático: El estrés pos-traumático surge cuando se atraviesan dificultades que no se saben resolver por un trauma, pérdida importante, por enfrentarse a una situación muy exigente que no controla, o porque le desborden las circunstancias.
Ese primer estado de sobreactivación que llamamos estrés ‘ayuda’ a buscar salidas –las funciones psíquicas funcionan de forma más eficiente–. Sin embargo, explican los especialistas “las capacidades para atender a la situación del tráfico están mermadas, porque están, en su mayor parte, al servicio de resolver el problema”.
2. Estudios de rutina: Determinadas pruebas diagnósticas (gastroscopia, colonoscopia, broncoscopia) o de radiodiagnóstico, en ocasiones se realizan bajo sedación para evitar molestias o dolor al paciente. Además, requieren una preparación que suele mantener molesto al paciente y que no se encuentre en el mejor estado físico para conducir.
Pero los fármacos que se emplean en la sedación son incompatibles con la posterior conducción. Los médicos responsables en general advierten al paciente de que debe acudir acompañado y que tras la realización de la misma –debido a los efectos de la medicación empleada– no pueden conducir.
Y es que, “aunque la medicación y las dosis que se utilizan permiten en muchas ocasiones al paciente salir en 1- 2 horas del hospital por sus propios medios, sus efectos secundarios persisten y el paciente puede estar desorientado, con lentitud de pensamiento, reacciones lentas, que impiden que pueda conducir un vehículo”.
3. Depresión: En todos los casos de trastornos del estado de ánimo –y en especial en las depresiones graves–, la persona pasa por un período de desinterés por todo aquello que no sea su estado. “En esa situación, al volante no perciben muchas de las informaciones que definen las escena del tráfico y, por ello, pueden conducir de forma poco adaptativa”.
Además, los expertos alertan de la posibilidad de conductas de riesgo para la propia vida del conductor deprimido e, incluso, para la de los demás. Por ello, ante los momentos de depresión, sobre todo si está diagnosticada y medicada, consulte al especialista antes de ponerse al volante y siga sus consejos. O, en caso de duda, mejor utilice otra forma de transporte.
4. Alergias: Algunos medicamentos alteran la capacidad de conducir por los efectos secundarios que producen. En este caso, para controlar síntomas alérgicos el médico probablemente le ha recetado un antihistamínico, muy eficaz para el problema, pero con mayores efectos sobre el sistema nervioso central, por eso nota tanta somnolencia.
El paciente no debería conducir mientras toma el medicamento, el médico se lo debe advertir, la vigilancia y el rendimiento psicomotor pueden estar alterados. Con cierta frecuencia, los efectos secundarios de los medicamentos son mayores en los primeros días del tratamiento, y en esos días se debe evitar la conducción.
Si un paciente es conductor debe hacérselo saber a su médico para que lo tenga en cuenta a la hora de prescribirle el tratamiento de la forma más adecuada y con menor repercusión para su seguridad.
5. Visita al oculista: Por lo general en una consulta al oculista el oftalmólogo le aplica colirios para dilatar la pupila, pregúntele. La duración del efecto es variable, pero mientras persiste, el paciente presenta molestias con la luz, deslumbramiento y visión borrosa y debe evitar conducir.
Muchas veces dentro del consultorio el tema no parece gran cosa pero cambia drásticamente al salir a la luz del sol. En algunos casos de operaciones correctivas los pacientes pueden salir caminando en un par de horas pero con efectos colaterales (visión borrosa, halos, deslumbramientos) que reducen la capacidad visual y que desaparecen en un tiempo variable.
Fuente: DiarioNorte.com